viernes, junio 01, 2007

El patrimonio arqueológico del estado de Hidalgo: su profundidad histórica y diversidad cultural

Bienvenidos a este espacio donde divulgaremos diversos aspectos de la investigación arqueológica en la entidad, en específico de la labor cotidiana de investigación y protección de los arqueólogos adscritos al centro INAH en el estado de Hidalgo, aunque no de manera exclusiva. La idea es presentar noticias, ensayos o reflexiones sobre el quehacer arqueológico en la entidad y compartirlos con los ciudadanos interesados en el mismo.
Comencemos por señalar algo que no siempre como ciudadanos sabemos: el paisaje hidalguense es rico en vestigios arqueológicos que van desde las conocidas ruinas de la ciudad arqueológica de Tula, hasta vestigios menos conocidos pero igual de importantes tanto en las sierras, la huasteca como el altiplano, que solo la investigación sistemática o bien el descubrimiento fortuito llevan a su conocimiento y divulgación.
De la diversidad de culturas prehispánicas que se desarrollaron en el territorio hidalguense, queda su huella en las tradiciones, creencias y costumbres que aún se conservan entre los poco más de 327,000 hablantes de lenguas indígenas, es decir, entre los tepehuas, nahuas y otomíes que, de acuerdo con los datos del INEGI, hacia 1995 constituían poco más del 15 % de la población total hidalguense. De esta diversidad cultural no sólo la etnografía y la lingüística dan cuenta, sino que hoy en día queda también reflejada por las numerosas ruinas arqueológicas halladas todo el territorio hidalguense, por lo que podemos considerar que el patrimonio arqueológico de Hidalgo constituye un importante legado que es también memoria del desarrollo histórico y cultural de sus pueblos originales.
Cabe señalar que Hidalgo posee un territorio rico en evidencia material de carácter arqueológico correspondiente tanto al pasado prehispánico como a las etapas posteriores de la vida colonial e independiente.
El rico patrimonio arqueológico en el estado de Hidalgo se encuentra representado por más de 1600 sitios prehispánicos registrados por el INAH y que se distribuyen a lo largo y ancho de sus 20,900 km2 de extensión y en sus 84 municipios que lo constituyen. Estos 1600 sitios arqueológicos abarcan todo tipo de evidencia material de ocupación humana e incluyen desde pequeñas concentraciones de material en superficie que nos hablan de la presencia de los restos de un campamento estacional de cazadores, o bien de los restos de pequeños caseríos, hasta las evidencias monumentales de impresionante tamaño que caracterizaron a los centros urbanos prehispánicos. De alguna manera la diversidad cultural que representan estas manifestaciones arqueológicas no sólo responden a la profundidad temporal de la ocupación prehispánica en la región, sino que también se encuentra estrechamente vinculada a las características generales de la fisiografía y el medio ambiente en que se manifiesta.
Como se sabe, en el territorio del estado de Hidalgo confluyen tres provincias fisiográficas del país: la Sierra Madre Oriental, el eje Neovolcánico y la Llanura Costera del Golfo Norte. En cada una de estas provincias fisiográficas, con sus tipos de suelo, clima y recursos minerales distintos, se desarrollaron culturas y modos de vida diversos desde los primeros tiempos de la época prehispánica, culturas que tuvieron no sólo su dinámica propia sino que establecieron una serie de relaciones cambiantes entre ellas a lo largo del tiempo.
La Provincia del Eje Neovolcánico, representada en la entidad sobre todo por la llamada Subprovincia de las Llanuras de Querétaro e Hidalgo y en menor proporción por la parte septentrional de los Lagos y Volcanes de Anáhuac, abarca poco más de la mitad meridional del territorio hidalguense. En esta región se desarrollaron diversas culturas arqueológicas durante la época prehispánica, vinculadas sobre todo con los procesos históricos y sociales propios de las culturas del Altiplano Central, tales como los desarrollados por Teotihuacan, Tula y Tenochtitlan.
Por otro lado, la mayor parte del resto del territorio hidalguense lo cubre la provincia de la Sierra Madre Oriental representada por la Subprovincia del Carso Huasteco donde, como su nombre lo indica, dominan las serranías. Las áreas más bajas de esta subprovincia se localizan en el norte y noreste de la entidad, en donde constituyen la región conocida como la Huasteca Hidalguense. En esta provincia de la Sierra Madre Oriental, y en la Llanura Costera del Golfo Norte apenas representada, se desarrollaron, sobre todo en su sección noreste, asentamientos prehispánicos de carácter agrícola que presentan relaciones con las tradiciones culturales del Noreste de Mesoamérica y la Costa Norte del Golfo. También para esta zona existe reportada etnohistóricamente y arqueológicamente la presencia estacional de grupos semi-nómadas, más relacionados con la cultura de los grupos pame de la Sierra Gorda de Querétaro y sur de San Luis Potosí.
En cuanto a su profundidad temporal, las manifestaciones culturales prehispánicas hunden sus raíces desde las evidencias más tempranas de ocupación humana en el territorio hidalguense, las cuales datan de hace unos 11 milenios, y que se hallan representadas por restos de puntas acanaladas de proyectil de grupos pre-cerámicos de recolectores-cazadores de fines del Pleistoceno y que se han localizado en el sitio de Oyapa, en el municipio de Meztitlán, así como en el sitio de Pueblo Viejo San Andrés en el municipio de Ixmiquilpan en el Valle del Mezquital. Evidencias de ocupaciones pre-cerámicas posteriores pertenecientes a la transición Pleistoceno-Holoceno, así como del periodo Holoceno Temprano se han localizado tanto en la Cueva del Tecolote en el municipio de Tulancingo como en los municipios de Meztitlán y Mezquititlan. Otras manifestaciones arqueológicas de la presencia de grupos de cazadores-recolectores, sin fechamiento preciso, y que incluyen manifestaciones de pintura rupestre, instrumental lítico en las superficies de cuevas y abrigos rocosos, así como los restos de posibles campamentos al aire libre, se han localizado en los municipios del Cardonal, Ixmiquilpan y Tecozautla en la sección sud-poniente del estado.
En resumen podemos estar orgullosos de que el estado de Hidalgo cuenta con un rico patrimonio arqueológico que nos habla de su historia profunda y diversidad cultural, misma que debemos los hidalguenses estar en condiciones de proteger para evitar su pérdida por saqueo, destrucción o simple ignorancia. La posibilidad de proteger este patrimonio nos la brinda, en primer lugar, el conocimiento científico del mismo y éste es posible gracias a las investigaciones arqueológicas que se han llevado a cabo y que se realizan hoy en día en el territorio del estado de Hidalgo. De estas investigaciones y de sus protagonistas hablaremos en próximas entregas.

1 comentario:

omercado dijo...

FELICIDADES POR TU LABOR. ME GUSTA COMO HABLAS DE TU ESTADO Y LA PREOCUPACIÓN QUE TIENES POR PRESERVAR Y DAR A CONOCER EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO DE UNOS DE LOS ESTADOS MÁS BONITOS DEL PAÍS.
ENHORABUENA.

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