martes, mayo 19, 2009

Descanse en paz Peni na ciña Mazhi


A Thomas Smith lo conocimos cuando impartió un curso de epigrafía maya en la Escuela Nacional de Antropología en el ya lejano año de 1995. Estábamos mi esposa y yo prácticamente recién egresados de la ENAH y hasta ese momento nuestra incursión en el tema se había limitado básicamente a los aspectos calendáricos y a la bibliografía clásica del tema. Por su formación de lingüísta, su inteligencia, amabilidad y buen humor ese curso de epigrafía maya fue un verdadero deleite y siempre sería recordado por quienes tuvimos la oportunidad de tomarlo. Recuerdo que Tom entonces y siempre se mostró interesado en compartir sus conocimientos con sus alumnos y nos facilitaba copias de los famosos wokshops epigráficos que se celebraban en Texas, o de textos difíciles de conseguir para los no iniciados o trabajos inéditos y aún en preparación. En esos años el ya estaba interesado en la lingüística zapoteca y en Oaxaca, y las investigaciones sobre las inscripciones Ñuiñe le interesaban sobremanera. Pocos años después nos volvimos a encontrar en el curso de Zapoteco Colonial que impartiera Tom en la maestría de Estudios Mesoamericanos en la UNAM y que posteriormente deviniera en el Seminario de Zapoteco Colonial. Adam Sellen, Saeko Yanagisawa, Mercedes Montes de Oca, Aurea López Cruz, Vicente Marcial Cerqueda, Victor de la Cruz, Rolando Rosas Camacho, Rosa María Rojas Torres, Marita Martin, Laura Rodriguez y un servidor formamos un grupo que con la guía del buen Tom nos dábamos a la muy divertida tarea primero de aprender los rudimentos de la gramática y ortografía del zapoteco escrito en las fuentes coloniales de los Valles Centrales de Oaxaca durante los siglos XVI al XVIII, trabajando en especial sobre el análisis lingüístico de diversas entradas en el Vocabulario en Lengua Zapoteca de Fray Juan de Córdova y posteriormente realizando nuestros pininos de análisis de textos presentes en el Cathecismo de la Doctrina Christiana en Lengua Zapoteca de Levanto. Posteriormente ese curso de dos semestres nos pareció corto en relación a las posibilidades de aplicar lo aprendido y de manera natural se transformó en un seminario-taller de entusiastas del zapoteco de la antigua Antequera.
Semana a semana primero, y una vez por mes posteriormente, nos reuníamos en los salones del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM para continuar nuestros análisis de textos. El gran salto lo dimos cuando nos atrevimos a realizar no solo la traducción de textos conocidos sino de documentos inéditos presentes en los archivos locales de Oaxaca y el AGN, y aún de textos sin trasunto oficial. Nuestro bautizo de fuego fueron los famosos documentos de San Antonino Ocotlán que Laura y yo localizamos en el Archivo del Poder Ejecutivo del Estado y que propusimos a Tom se realizara el análisis de los mismos. Los resultados de esa primera incursión de los miembros del seminario en el análisis de textos coloniales se enviaron a Sebastian Doesburg para su publicación por parte de la Biblioteca Burgoa de la Universidad Benito Juárez, y al parecer apareció a mediados del año pasado como colaboración en el libro "Escritura Indígena en Oaxaca", por cierto de díficil, por no decir casi imposible adquisición.
También nos divertimos realizando un ejercicio de traducción del Lienzo de Quiavini y comenzamos a trabajar una serie de testamentos coloniales provenientes de San Juan Teiticpac. Tom siempre compartió con nosotros su entusiasmo por el estudio del zapoteco antiguo y para los que no somos lingüistas siempre escuchó de manera atenta nuestras atrevidas opiniones acerca de los términos presentes en los documentos y su probable traducción. La pasábamos muy bien dentro del seminario pues ademas de aprender una lengua en principio ajena para la mayoría de los miembros del seminario, nos divertíamos bastante entre nosotros, con un espíritu entre la chanza y la academia, pues es que disfrutábamos realmente el ir descubriendo poco a poco guiados de la mano de Thomas los misterios de la gramática y traducción de una lengua mesoamericana en su forma escrita de hace 300 años.
Desgraciadamente nuestra participación personal en el Seminario de Zapoteco Colonial fue menguando pues al igual que varios de sus primeros integrantes como Saeko, Adam, Rolando, Vicente, Laura y un servidor, tuvimos que atender otras obligaciones académicas y laborales, no obstante hasta hace unos cuatro años y medio aproximadamente seguimos participando activamente en el seminario y posteriormente solo nos enterábamos de los avances del resto del grupo a través del correo electrónico y de las noticias acerca de los congresos y ponencias.
Nuevos integrantes se unieron al seminario de zapoteco colonial, todos ellos bajos la coordinación del buen Tom, o Mazhi como le llamaban sus amigos beni zaa y como a el mismo le agradaba le llamaran. Entre los nuevos miembros del seminario se halla nuestro amigo Michel Oudijk recien importado de las europas, así como otros estudiantes del posgrado en Estudios Mesoamericanos como Ivan Rivera, Beatriz Lopez, Uliana Cruz quienes junto con Mercedes Montes de Oca y Rosa María Torres, comenzaron a trabajar nuevos textos como la Probanza de Petapa.
Todavía en el año de 2004 tuve la oportunidad, a un mes de integrarme al centro INAH Hidalgo, de participar junto con Tom y a invitación de Vicente Marcial en la Tercera Semana de Cultura Zapoteca organizada por la Universidad del Itsmo de Tehuantepec. Ahí Tom presentó un trabajo sobre el vocabulario etnobiologíco de San Baltasar Chichicapan y juntos presentamos avances de los trabajos de traducción por parte de los miembros del taller de los documentos de San Antonino Ocotlán a un foro de jóvenes universitarios zapotecos y al publico en general. Meses mas tarde nuestras nuevas obligaciones institucionales como arqueólogo en un centro INAH -siempre atrás de las máquinas destructoras del patrimonio- y las adicionales como pater familias nos absorberían de tal modo el tiempo que las participaciones académicas de Laura y un servidor en el seminario se hicieron mas esporádicas.
El último correo que recibimos de Thomas fue a finales del mes de julio del año pasado para avisarnos acerca de los avances de la traducción del Lienzo de Petapa para su publicación en la revista Acervos y sobre la publicación del libro Escrituras Indígenas de Oaxaca donde se presentan los materiales de San Antonino. Después de ello ya no supimos de él. Mientras trabajábamos los petrograbados de Xihuingo nos enteramos por Valentín Peralta acerca de que Thomas estaba enfermo y que no se recibían visitas en casa. Este lunes 18 de mayo nos hemos enterado de su fallecimiento. Le sobreviven sus hijas y esposa, así como sus amigos y alumnos de la UNAM, el Colmex, CIESAS y la ENAH .
Descanse en paz, nuestro buen amigo y profesor Tom.
Na paa lachi mazhi.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola!, mi nombre es Mariana Rueda, soy diseñadora y realizo una investigación acerca del origen del glifo toponímico que corresponde al municipio del Tlahuelilpan.
En internet he encontrado la imagen de ese y los de casi todos los municipios hidalguenses, pero no encuentro la fuente. Y en el municipio no existe mayor información. Podrías recomendarme algun documento o lugar en donde pudiera encontrar esa información?
De antemano, muchas gracias.

El Corazón enredadera. dijo...

una lamentable pérdida humana y académica sin duda.

Alfonso Torres dijo...

Que tal Mariana Rueda. El glifo toponímico de Tlahuelilpan es de origen prehispánico y fue comentado por vez primera por el Dr. Antonio Peñafiel en su obra "Nombres Geográficos de México: Catálogo alafabético de los nombres de lugar de origen nahuatl", la cual fue editada en 1885 por la Secretaría de Fomento. Esta obra ha sido reeditada en facsimil en 1988 con láminas a todo color y en 1995 por el gobierno del estado de Hidalgo. Tambien viene un comentario sobre el topónimo de Tlahuelilpan en el Diccionario Etimológico del estado de Hidalgo de Teodomiro Manzano. El glifo se encuentra presente en la lámina XXIX de la Matrícula de Tributos editada por la Secretaría de hacienda y por Lord Kingsborough en sus antiguedades de México. Todos estos textos los puedes localizar en una buena biblioteca, con suerte en la Central del Estado, en la biblioteca de la UAEH o en la Bibloteca Antonio Peñafiel del centro INAH Hidalgo. Es posible que el glifo de Tlahuelilpan se encuentre en otros documentos pictográficos nahuas pero la busqueda de estos casos ya es una tarea que rebasa el comentario personal. Lo que si te puedo decir es que el diseño del glifo corresponde a los canones de la escritura nahua. Sobre las caracteríticas de la escritura nahuatl puedes consultar a Joaquin Galarza, a Prem y otros autores. Por cierto sabías que según algunos historiadores el nombre de Tlahuelilpan es el nombre que recibía la comarca en el siglo XVI antes de conocerse con el locativo de Pachuca. Un saludo y espero haberte sido de utilidad. :)

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